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12 feb 2014

La devaluación del relato

En Venezuela muere un presidente y en Argentina decretan tres días de duelo. En un boliche de Once se calcinan 194 personas, y el mismo país tiene permiso para acongojarse dos días, no más. En una estación de tren una formación no se entera de que el recorrido no llega al río y mueren 54 personas: dos días de duelo. Un tipo que se presenta como poeta palma en México, de viejo, y en Argentina se ordena un duelo de tres días. El grueso de la gente se pregunta si el que murió es el creador de la mayonesa, pero el duelo está igual. Nueve personas pierden la vida en cumplimiento de su deber y se decretan dos días de duelo. Otras catorce perecen en similares condiciones en Catamarca y nadie manda ni una corona de flores.

El socio del difunto que se pone mimoso con la viuda, el hijo que clava la sucesión mientras los hermanos ni llegaron del sepelio, el primo boga que llega al velorio antes que el difunto. Pocas veces quedan tan plasmadas las verdaderas intenciones de alguien que cuando vemos sus reacciones frente a las desgracias. Y el Gobierno nunca reaccionó bien frente a una desgracia porque nunca sabe si está implicado o no en alguna medida.

La realidad dice que tipos que laburan por amor al arte -sí, incluso los que cobran, porque nadie arriesga su vida por un salario de mierda si no es por amor al arte- murieron aplastados en un lugar en el que no deberían haber estado si se dedicaran a otra cosa. O sea, murieron por estar donde les correspondía estar, riesgos que se asumen a la hora de tomar el empleo.

El relato, en cambio, dice que un perseguido político logró romper con las cadenas del imperialismo y el pueblo lo llevó en andas a la presidencia para que la justicia llegue, finalmente, hacia los que menos tienen. La realidad diría que una revolución socialista está mal parida si se la denomina con el apellido de uno de los primeros pensadores liberales que vio sudamérica, pero esos son detalles que pasan a un segundo plano frente a la realidad de la Patria Grande, ese gran sueño de Simón Bolívar, del cual se desprende que Bolívar soñaba con el liberalismo de la racionalización de las duchas y el alargue de la Navidad por decreto.

El relato vale más que la realidad, está claro. Sólo así se entiende que gastemos guita en pagar una entrada al cine para divertirnos en ver cómo se resuelven con onda las mismas situaciones que nos desgastan en la vida cotidiana. Contar las cosas de otro modo, sirve cuando hay un compromiso de engaño, un contrato en el que el cineasta y los actores aceptan mentir aparentando ser quienes no son, y nosostros aceptamos que nos mientan.

El kirchnerismo funciona de manera similar, solo que a esta altura es una película clase B en un proyector del centro de jubilados del barrio El Progreso.

Un montón de pibes que se pintan la barba con corcho quemado encaran el viaje hacia la Casa Rosada convocados por Presidencia. En el camino dejaron veinte pesos entre el pasaje del bondi y una gaseosa de 500. Se bajan en la 9 de julio y caminan las escasas cuadras que les quedan hasta Balcarce 50 esquivando cartoneros, mendigos de entre 3 y 90 años, y varios otros ejemplares ganadores de la década que festejan las políticas de inclusión en un living a cielo abierto que queda entre los edificios del Indec, el Palacio de Hacienda y la Rosada.

Habla la Jefa y la tienen que escuchar por altoparlante. Apretados como presupuestos provinciales, aplauden cada anuncio -dos- y cada puteada -trescientas cincuenta y nueve, promedio- hacia los formadores de opinión que protegen a los formadores de precios y a los formadores de tipos cambiarios. Todos, obviamente, dependen de un solo jefe.

Si no los hubieran castrado ideologicamente, quizás se preguntarían cómo puede ser que un gobierno que dice ser tan poderoso no puede con un contador público. Si les hubieran inculcado que el conformismo no tiene nada de revolucionario, tal vez querrían saber qué diferencia hay entre inflación y un “reacomodamiento de precios” permanente, o entre una brutal devaluación y un “deslizamiento monetario”.

En cambio, prefieren manifestarle su apoyo a la Presi cuando dice que “le pegan mucho porque es mujer”, apelando a la misoginia victimaria en un país en el que la mujer votaba y ocupaba cargos públicos cuando ella nació. Si en algo evolucionamos es que no la puteamos por ser mina, sino por impresentable.

Los profundos conocimientos macroeconómicos del mejor cuadro político de la historia universal quedaron demostrados con ejemplos divinos, como cuando criticó los aumentos en las bolsas de cemento, “porque no tienen insumos en dólares”. Obviamente, el transporte desde la cementera al corralón se efectúa por telekinesis, los transportistas trabajan por amor al arte, los impuestos los cobra el ratón Pérez y no se pagan salarios a nadie, dado que el cemento flota en el aire y se guarda solito en bolsas de papel madera que aparecen de la nada.

La idea se pudo resumir en un solo concepto: hay plan antiinflacionario y consiste en putear a los que aumentan los precios. A pesar de que el Indec está rodeado de comercios que venden sus productos un 25% más caro que el listado de precios sugeridos, el control de la inflación dependerá de los consumidores y de los pibes militantes, a quienes Cristina les pidió que se acerquen a las manifestaciones para sugerirle a los inadaptados que se acerquen a los supermercados.

Reconozco que me enamora la idea de ver a un camporita volver a casa con una bandera de Quebracho enterrada en el fondo del recto. Sin embargo, tras la fantasía me sobreviene la realidad de que los planes de Cristina son para ver si se arregla algo de algún modo milagroso, como tocar todos los botones del control remoto, rezar mientras se cae el avión o sacar agua del bote con la mano.

Ella y su entorno piden que no compremos lo que aumentó. Estamos en eso, sólo nos falta aprender a alimentarnos a 220, vestirnos con gas y aprender a viajar a través de las cañerías de agua corriente. Y mudarnos a un barrio subsidiado con luz, gas y agua corriente, claro.

Nos la vendieron como estadista y resultó estar a la altura de Lita de Lázari. Eso nos pasa por no caminar a la hora de comprar un Presidente. De arquitecta egipcia, capitana de la Libertad, abogada exitosa y Papisa, pasamos a animadora de asaltos estudiantiles en la Casa Rosada.

Podrán acusarme de mal pensado, pero no me imagino al cocinero de Olivos preparando sopa de carcaza y guiso ranchero de menudos de pollo para la cena presidencial. Tampoco veo a los funcionarios llegando a los ministerios en monopatín porque aumentaron todos los combustibles. Obviamente, el sacrificio es para los otros.

Los productores agropecuarios que no quieren liquidar cosechas son todos unos garcas, con la clara excepción de la familia Capitanich. Los que ahorran son una manga de avaros, con la clara excepción de -otra vez- Capitanich. Los que compran dólares son unos especuladores que empujan a la inflación, sin contar los 2 palos verdes al contado que adquirió Néstor un día antes de que subiera la divisa.

El criterio es generalizado y parece no reconocer límites que dejen un changüí para el chiste: los que mueren en un choque de trenes son unos ansiosos que se acercan al primer vagón para llegar antes al laburo. Y ni que hablar de la insistencia de ir a trabajar en días de semana.

Con estos parámetros es obvio que pretendan hacernos creer que lo de Boudou y Ciccone fue un invento de los esbirros de la corpo mediática, cuando la única prueba que faltó aportar fue una foto de Amado recortando los billetes de Evita mientras Vandenbroele los pintaba con crayones de cera.

[N.del A: Quiero hacer llegar mi más sincero apoyo al compañerazo neoliberal converso Aimé. Que en un gobierno en el que se han choreado hasta los frenos de los trenes caiga en desgracia el que se quedó con una imprenta quebrada, sólo puede explicarse en lo fácil que es entregar al único que no tiene aparato político ni poder de voto. No me afloje, Amado. Don Álvaro estaría orgulloso de su poder de daño a un gobierno nacional y popular.]

Por lo pronto festejan que en el país hay paritarias -como si fuera festejable que tengamos que pelear todos los años para correr la coneja atrás de la inflación- y se emocionan gracias a un aumento pedorro del 11% a las jubilaciones que alcanza solo para cubrir la inflación de diciembre y enero. La alegría ni les permite dimensionar qué tiene de fantástico que después de once años de éxito arrollador haga falta un plan de asistencia social para comprar los útiles del colegio.

De salir al balcón hacia una Plaza de Mayo repleta, a atender a la militancia en un patio interno de la Rosada. La devaluación, evidentemente, se percibe hasta en la cantidad de la monada, aunque el nivel sigue siendo el mismo y podemos disfrutar de pibes agitando la bandera del PC al festejar que la Presi tira “cuando estás muy a la izquierda, salís del otro lado porque la Tierra es redonda.”

Cris, mientras tanto, pasa el resto de su tiempo llamando a “consumidores militantes” que después dicen que no pueden creer que la Presi se tome el tiempo de leer los mensajes de Facebook. Cristina se queda sin vidas en el Candy Crush y los pibes se emocionan.

Más allá de lo que afecte a nivel bolsillo, lo que más me jode es la falta de acción. ¿Creen que los supermercadistas son todos garcas? ¿Afirman que la City está llena de especuladores? ¿Sostienen que los agrogarcas atentan contra la economía? Que pongan huevos y estaticen hasta los changuitos del chino de Lugano, que abran una unidad básica de La Cámpora en cada cueva y que sancionen la reforma agraria. Pero que no nos rompan más las tarlipes con el mariconeo de que la culpa es de cualquiera y que tenemos que salir a buchonear.

Si realmente creen en lo que dicen, que actúen en consecuencia. Y si no lo hacen, que quede claro, para no tener que escucharlos mañana decir que el país se fue a la banquina porque “el pueblo no se animó”. Esa es la más fácil, esa es la que hacen y aplican.

Hoy los triunfos revolucionarios se reducen a haber logrado que Tinelli -al que llamaron- abandone Futbol para Todos para que sea la misma garompa con 1.700 millones de presupuesto, y la participación popular quedó limitada al control del precio del Cif aroma Flor de Naranjo de 475cm3. ¿Los planes a futuro? Llegar a marzo, el resto se verá más adelante.


Viernes. Lo único que nunca se devalúa es el poder de daño de los políticos.

Fuente:Relato del Presente-Perfil

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