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20 ago 2012

La Cámpora en las escuelas, comentarios de una semana álgida


La actividad desplegada por la agrupación kirchnerista  en el ámbito educativo que tomó estado público por la difusión periodística ha  suscitado todo tipo de comentarios y reacciones. Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de la Nación,  sobre el particular dijo: "No es, como algunos creen, adoctrinamiento, porque durante mucho tiempo deformaron a los argentinos", Alberto Sileoni,  Ministro de Educación dijo a su vez: "Si lo pensamos en términos de bajada de línea, yo no estoy de acuerdo con pensamientos únicos. Si lo pensamos en términos de jóvenes que construyen su comunidad, que están atentos a lo que pasa, que construyen ciudadanía, participación, que pueden dialogar con el punto de vista del otro, no es 'venimos nosotros acá, esta es la verdad y los demás se callan', esto debo decir que está bien", y el jueves pasado  en su ronda Hebe de Bonafini comentó: "Me parece muy bien que los pibes de La Cámpora vayan a la escuela a formar a los pibes"."Bien por La Cámpora, hay que formar a nuestros pibes, para eso estamos en el poder”.

Desde la oposición los cuestionamientos más contundentes a las actividades de los jóvenes vinieron desde  el Gobierno de la Ciudad, donde el ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, abrió un 0800 para denunciar “la intromisión política en las escuelas”. “Vamos a ser terminantes en la Ciudad. Este tipo de acciones no se ven desde el fascismo”, afirmó Bullrich, quien agregó: “Imagínense si nosotros inauguramos una escuela en la Ciudad con banderas del PRO y fotos de Macri: sería un escándalo. La escuela deja de ser la escuela para transformarse en un comité político”, estimó Bullrich.

Duras réplicas expresó Beatriz Sarlo quien en el programa de TV conducido por Alfredo Leuco manifestó "Me parecen actos lúmpenes, sería casi ilustrarlos decir que son antirrepublicanos, son actos despreciables. Me parecen un conjunto de lúmpenes los que van a una escuela y sacan fotos de chicos haciendo la V de la victoria y con la bandera de La Cámpora o el que saca presos que tienen 18 días de sentencia por femicidio y los llevan a supuestos actos culturales". Y agregó: "Son gente anómica que dice a mí no me importa lo que está en los reglamentos, en las leyes y en las tradiciones. Yo no estoy diciendo que La Cámpora es una asociación lumpen. Estoy diciendo que esos actos que salieron a la luz son lumpen."

En Córdoba  se dio la inauguración de un  Jardín de Infantes en  barrio  Müller de la ciudad capital, en un acto  que  bajo la tutela de los pibes K  contó con la presencia del líder de La Cámpora, Andrés "Cuervo" Larroque, diputado nacional porteño, quien  de paso y según se desprende de lo que publica la organización en su página, aprovechó para resaltar la figura de Cristina Kirchner y criticar, sin nombrarlo, al gobernador José Manuel De la Sota, responsable de "la política neoliberal instalada en la provincia". La difusión de  este  evento, según leemos en un matutino nacional,  mereció este comentario de un vocero del gobierno cordobés: "Se trata de un jardín de infantes privado que todavía no tiene la autorización definitiva para funcionar. Recibe el apoyo de una asociación civil kirchnerista. "Es un tema muy controvertido. Difícilmente La Cámpora pueda pisar una escuela provincial de ahora en más", agregó un funcionario cercano al gobernador De la Sota.

Mientras transcurren estos días difíciles para las administraciones que se disputan recursos y poder, con poblaciones ávidas de soluciones de los problemas cotidianos empezando por el trabajo y la vivienda, el tema del accionar político de los militantes K en el ámbito escolar,  parece que en Córdoba solo merece un lugar en los medios. En nuestra ciudad el matutino local Puntal publicó en su edición del domingo 19, una cronología de lo sucedido   sobre esta especial militancia y sus referentes en la semana pasada que conforma otro punto de vista a considerar. Si le interesa, se la acercamos:

El oficio militante de formar argentinos
Por Jorge F. Legarda 

Lu­nes 13.- La Cám­po­ra rea­li­za ta­lle­res po­lí­ti­cos en es­cue­las pú­bli­cas.- No ha­bía­mos ter­mi­na­do de con­gra­tu­lar­nos por las ta­reas del aho­ra fa­mo­so Va­ta­yón Mi­li­tan­te pa­ra rein­ser­tar so­cial­men­te a si­ca­rios ba­rra­bra­vas, vio­la­do­res con­sue­tu­di­na­rios, pi­ró­ma­nos fe­mi­ci­das y otros mu­cha­chos que co­me­tie­ron un error, cuan­do nos en­te­ra­mos de que las cár­ce­les no son el úni­co ám­bi­to don­de se de­sa­rro­lla el re­clu­ta­mien­to de san­gre nue­va pa­ra el pro­yec­to na­cio­nal y po­pu­lar. Por qué no, tam­bién en las es­cue­las te­ne­mos una clien­te­la cau­ti­va y abu­rri­da que cap­tu­ra­mos en un mo­men­to en que no tie­ne la op­ción de cam­biar de ca­nal. Hay que aga­rrar­los a eda­des tier­nas, an­tes de que los me­dios he­ge­mó­ni­cos des­ti­tu­yen­tes les co­man el ce­re­bro, pa­ra en­se­ñar­les a pen­sar con in­de­pen­den­cia, a sa­car sus pro­pias con­clu­sio­nes, a des­cu­brir por sí mis­mos que es de to­do ni­ño bien na­ci­do sa­lir a de­fen­der es­te mo­de­lo con uñas y dien­tes. Y de­jar­les en cla­ro, por si no es­tu­vie­ran en­te­ra­dos, quién les re­par­te las lap­tops, les re­fuer­za año a año el ca­len­da­rio de fe­ria­dos y fi­nes de se­ma­na lar­gos y les ase­gu­ra un me­nú fa­mi­liar de de­sa­yu­no, al­muer­zo, me­rien­da y ce­na por 23 pe­sos por día y por ca­be­za. Así da gus­to apren­der.

Mar­tes 14.- La Pre­si­den­ta ava­ló los ta­lle­res de La Cám­po­ra en las es­cue­las.- Con la ha­bi­tual pre­ci­sión con que po­ne en ca­ja a los dís­co­los, Cris sa­lió a acla­rar que de nin­gu­na ma­ne­ra lo que ha­cen quie­nes se han con­ver­ti­do en los más que­ri­dos y en­tra­ña­bles en­tre sus se­gui­do­res pue­de con­si­de­rar­se un “adoc­tri­na­mien­to”. En efec­to, qué tie­ne de adoc­tri­na­mien­to lle­var a las es­cue­las las his­to­rie­tas del Nes­tor­nau­ta, ese hé­roe que des­de otra di­men­sión nos guía pa­ra que lu­che­mos con­tra el mal y si­ga­mos el ca­mi­no co­rrec­to. Se tra­ta sim­ple­men­te de “for­mar ar­gen­ti­nos, y no de­for­mar­los co­mo se hi­zo du­ran­te tan­to tiem­po”, con ideas per­ver­sas y an­ti­pa­trió­ti­cas co­mo la de que en una ver­da­de­ra de­mo­cra­cia no ca­be ha­cer un cul­to de la per­so­na­li­dad del lí­der a la ma­ne­ra na­zi o so­vié­ti­ca, la de que es­tá mal uti­li­zar el di­ne­ro del Es­ta­do pa­ra ac­ti­vi­da­des de pro­pa­gan­da par­ti­da­ria, y la de que se­ría bue­no de­jar a las es­cue­las y a los ni­ños fue­ra de la po­li­ti­que­ría de cuar­ta.

Miér­co­les 15.- La Cám­po­ra inau­gu­ró un jar­dín de in­fan­tes en Cór­do­ba.- En la on­da “ni un pa­so atrás”, le­jos de ami­la­nar­se por las crí­ti­cas de quie­nes no quie­ren que los ar­gen­ti­nos apren­dan des­de chi­qui­tos que el se­cre­to de la fe­li­ci­dad re­si­de en la ad­he­sión al mo­de­lo po­lí­ti­co en cur­so, nues­tra vir­tuo­sa mi­li­tan­cia re­do­bla la apues­ta y se pro­po­ne arran­car con la ta­rea for­ma­ti­va todavía más tem­pra­no. No hay mo­ti­vo pa­ra que la sa­li­ta de cua­tro no se con­vier­ta en un se­mi­lle­ro de don­de sal­drán los fu­tu­ros sol­da­dos que li­bra­rán la eter­na ba­ta­lla cul­tu­ral pa­ra im­po­ner el mo­de­lo. Des­pués de to­do, el Arroz con Le­che, con su viu­di­ta del con­de Lau­rel se­lec­cio­nan­do con qué se­ño­ri­ta ca­sar­se, ya ha­ce de por sí la apo­lo­gía del ma­tri­mo­nio igua­li­ta­rio; El País del No­mea­cuer­do es la me­tá­fo­ra per­fec­ta de la ma­ne­ra K de rei­vin­di­car la me­mo­ria his­tó­ri­ca; y El Rei­no del Re­vés, don­de dos y dos son tres, bien po­dría ha­ber ins­pi­ra­do a to­da esa ge­ne­ra­ción de fun­cio­na­rios lle­va­da al In­dec por el Gui­lle Mo­re­no. 

Jue­ves 16.- Que­jas por la po­li­ti­za­ción es­co­lar.- Co­mo no po­día ser de otra ma­ne­ra, fren­te a la idea vir­tuo­sa y pro­gre­sis­ta de for­mar ar­gen­ti­nos pro­pa­gan­do en las es­cue­las las vir­tu­des del mo­de­lo na­cio­nal y po­pu­lar, te­nían que apa­re­cer las fuer­zas re­tró­gra­das, esos que no se sa­be dón­de es­ta­ban cuan­do se des­truía la es­cue­la pú­bli­ca —no co­mo la Pre­si­den­ta, que sí se sa­be dón­de es­ta­ba, es­ta­ba en el Con­gre­so—, y aho­ra vie­nen a po­ner pa­los en la rue­da. Son nos­tál­gi­cos del no­ven­tis­mo. Des­de el Go­bier­no cor­do­bés di­cen que el jar­dín de in­fan­tes es un em­pren­di­mien­to pri­va­do del kirch­ne­ris­mo que ellos no au­to­ri­za­ron, co­mo si una au­to­ri­za­ción cor­do­be­sa tu­vie­ra pa­ra el pro­yec­to nac & pop más va­lor que el pa­té­ti­co pe­di­do de pla­ta de De la So­ta pa­ra sus ju­bi­la­dos de pri­vi­le­gio. Y el Go­bier­no por­te­ño po­ne un 0-800 pa­ra re­ci­bir de­nun­cias de in­tro­mi­sión po­lí­ti­ca en las es­cue­las, co­mo si con eso a Ma­cri le fue­ra a ir me­jor que con su ca­pri­cho de no re­ci­bir el sub­te. Se tiene merecida la presentación del Ina­di por aten­tar con­tra el plu­ra­lis­mo, un valor que para este gobierno es vital. Pero yo, que la Pre­si­den­ta y sus tro­pas pa­rae­du­ca­ti­vas, re­do­bla­ría la apues­ta de nue­vo, en las propias escuelas, a ver si apren­den a que­dar­se en el mol­de.

Vier­nes 17.- Si­leo­ni jus­ti­fi­có la es­tra­te­gia kirch­ne­ris­ta.- Y se que­dó cor­to. El mi­nis­tro de Edu­ca­ción ya de­be­ría es­tar tra­ba­jan­do en una pro­fun­da re­for­ma de los pro­gra­mas cu­rri­cu­la­res que con­tri­bu­ye­ra a for­mar ar­gen­ti­nos co­mo quie­re la Pre­si­den­ta. Sin adoc­tri­na­mien­tos ni ba­ja­das de lí­nea, por supuesto, pero hay cam­bios que ya no pue­den es­pe­rar: por ejem­plo, ha­bría que res­tar ho­ras a la en­se­ñan­za de Ma­te­má­ti­ca, to­tal, la pro­pia di­rec­to­ra del In­dec di­ce que las es­ta­dís­ti­cas “no tie­nen nin­gún va­lor pa­ra sa­ber có­mo es­tá vi­vien­do el pue­blo”. En cuan­to a His­to­ria Ar­gen­ti­na, por otra par­te, yo em­pe­za­ría di­rec­ta­men­te des­de 2003, por­que igual to­do lo an­te­rior fue una pá­li­da y si al­gu­na co­sa de San Mar­tín o de Bel­gra­no ha­ce fal­ta co­no­cer, ya se en­car­ga­rá la Pre­si­den­ta de trans­mi­tir­nos su pro­pia ver­sión por ca­de­na na­cio­nal. Po­de­mos com­bi­nar Len­gua con Cien­cias So­cia­les in­tro­du­cien­do pe­que­ños cam­bios en las fra­ses em­ble­má­ti­cas de los libros de lectura, ti­po La ama ama­sa la ma­sa, Ella ca­lla a los ca­na­llas, o Ama­do ama la mo­ne­da. De las Cien­cias Na­tu­ra­les ol­vi­da­te, que si Cris lle­gó a don­de lle­gó con­ven­ci­da de que la fór­mu­la del agua es ha­che dos ce­ro, es ob­vio que no tie­nen nin­gu­na uti­li­dad prác­ti­ca. Hay más, claro, pe­ro con eso ya ga­na­mos va­rias ho­ras pa­ra que los chi­cos las em­pleen en al­go pro­duc­ti­vo co­mo ju­gar al Eter­nés­tor y for­mar­se co­mo ar­gen­ti­nos, en lu­gar de de­for­mar­se.

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