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13 sept 2010

Los candidatos en la vidriera y un recuerdo del 2002









La carrera electoral está en juego y los candidatos se van acercando a las gateras.


Entonces, la buena vidriera que significa la Exposición Rural de Río Cuarto, se aprovecha para instalar a los postulantes en la opinión pública. Algunos vienen en vivo y en directo, dejan sus discursos y sus apreciaciones en los medios, tal el caso del ex presidente Duhalde.

Otros, además, se sientan en la tribuna donde balconean y tratan de ser protagonistas disciplinados confraternizando con los opositores circunstanciales, así se los vio lado a lado al gobernador Schiaretti y al intendente Jure. Y en las calles de Río Cuarto, la vía principal que surca nuestra ciudad de norte a sur y que es para la mayoría el trayecto obligado para llegar al predio ruralista, presentó los nombres de otros postulantes como Solá o un discreto José Manuel, así sin más porque a buen entendedor pocas palabras.

Nuestro inolvidable De la Sota nos dejó una página que rememoramos que es la de aquel 9 de Julio, cuando en plena crisis nacional y con una población agobiada por el desmadre consolidado desde el gobierno nacional al que no eran ajenos los dirigentes de las provincias, que merecieron el repudio popular más significativo desde el retorno a la democracia, el entonces Sr. Gobernador de Córdoba avaló un desfile militar que motivó una insólita actitud a la que se refiere la nota que fuera publicada por La Rivera oportunamente.

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9 de julio de 2002
9 de julio blindado
Por Susana Dillon

Toda vez que nuestro gobernador, el Dr. De la Sota asienta sus reales en esta villa del Marqués, también traslada su paranoia. Viene precedido, acompañado y rodeado en todo momento por una fuerza de seguridad que indica que "no las tiene todas consigo", es decir, que espera que esta tranquila y hasta abúlica comunidad lo reciba haciendo manifestaciones poco amistosas. Porque las comunidades que se ven agredidas desde el poder, es lógico que reaccionen. Se nota que él teme, teme a un pueblo desarmado, pero cada vez más consciente.
El señor gobernador no puede festejar ni inaugurar sus obras en Córdoba, allí lo aplaudirían hasta en la cara. Por eso escapa al sur, no porque nos tenga en cuenta, ni porque traigan beneficios sus visitas.
Aprovecha la obra del esfuerzo comunitario y aún de los intendentes para inaugurarlas con las pompas que el ritual exige.
No hay viaje, celebración o apertura de algún evento que no lo conecten al rédito político, a la clientela electoral.
También aprovechó en Río Cuarto lo que pretendía ser un mega desfile patrio, que se llevó a cabo contra viento y marea, pese a lo  opinado desde distintos lugares de la ciudadanía.
Para entrar en la órbita destinada a tal efecto, la ciudadanía se vio agredida por una requisa y palpación de armas que se efectuó también entre señoras con carteras y hasta bebés, no dejándolas pasar a zonas presuntamente prohibidas.
El señor gobernador dio la orden que prolijamente, su policía llevó a cabo como en tiempos del proceso con la "obediencia debida". Tan así que hasta en las terrazas se veían efectivos apuntando con armas largas.
Esta policía, sobre todo "su" policía actuando obscenamente desde la impunidad, llevó detenidos a los sospechosos de siempre. Los que no se callan la repulsa. Los levantó de la calle o de la tribuna con el cargo de desorden. Se vio claro en el informativo de TN.
Hay que remarcar que el señor gobernador no se banca ni una sola voz discordante, por eso huye de Córdoba buscando mejor clima. ¿así se prepara para sus giras proselitistas en pos del sillón de Rivadavia?
Tampoco les fue mejor, la noche de gala del día 8 en que los ciudadanos que pretendieron ir a la función teatral a escuchar la sinfónica, estuvieron excluidos por carecer de tarjeta de invitación. ¿No era que la fiesta era para el pueblo? No se dejó entrar ni a la prensa ni a los vecinos. Sólo la corte de los que mandan. ¡Viva la democracia, señores funcionarios!
Pero lo que realmente fue la frutilla del pastel lo constituyó el servicio de chocolate que se había programado con bombos y platillos para la concurrencia, pero pasó lo que sería previsible. Cuando le tocó la hora, chocolate y masas tuvieron las autoridades y sus respectivos séquitos. A la gente que se llegó a pesar del frío a celebrar la Patria: mate cocido.
La de siempre, mostrar la hilacha sin pudor, pero tuvo que aguantarse los discursos que insistían en algo que ya no existe: la independencia nacional.
Esto explica por qué cada vez son más los que reclaman ¡que se vayan todos!
El misterio que no pudieron descubrir 800 policías
A pesar de las inclemencias del tiempo reinante, la bronca de muchos ciudadanos mezclada al interés que despierta un desfile en la sensibilidad de la gente y la controvertida presencia del gobernador, también hubo para comentar su arista folletinesca.
Es sabido y comprobado que el mandatario provincial ya no se siente seguro en ninguna parte. Se urtica con la más modesta demostración de rechazo, ordena represión, viaja con el camión hidrante. Cada vez que viene a Río Cuarto, incrementa el número de efectivos policiales.
Puso en la calle a 800 para cubrirse de posibles atentados. Los 800 agentes, pertrechados como para la guerra, buscaron afanosos y hasta histéricos, posibles "quebrachos" que un gracioso miembro del PJ ñoqui vitalicio (J.C.D.) denunció que vendrían en ómnibus.
Por lo tanto, la terminal fue rastrillada varias veces en pos de semejantes exponentes de la violencia. También con igual paranoia se buscaron armas secretas hasta en bebés y carteras de señoras que nada tienen de violentas, ni de militantes.
Antes que los descontentos comenzaran a demostrarlo, se detuvo a 13 militantes a los que se les aplicó un reglamento exhumado de los años de represión.
Un escuadrón mantuvo a la concurrencia apuntando desde las terrazas aledañas con armas de guerra. Hubo requisa, cacheo y encerrona buscando misteriosas y secretas armas que no pudieron encontrar los sabuesos de inteligencia.
Pero aquí las tienen: son las armas que exhibieron los autoconvocados con otros simpatizantes del escrache: 50 tarjetas rojas y 50 pitos de cotillón que se mostraron ante nuestras autoridades para que entiendan que fueron expulsados de la fiesta cívica que ellos, con su proceder represivo, desvirtuaron.
Un recurso futbolero que deja a los 800 guardaespaldas del gobernador en el mayor ridículo.
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De la Sota, Duhalde, Solá los de siempre a pesar del “que se vayan todos” a que los sometió el pueblo en diciembre del 2001. La renovación, ¿Adónde está? Han pasado casi nueve años desde entonces ¿Cómo podemos seguir construyendo, con la misma dirigencia, y partidos políticos sin la mínima autocrítica?

Esto que se vio hoy en Río Cuarto es más de lo mismo, y si no hay nada nuevo para ofrecer, por lo menos no olvidemos lo que vivimos, así a lo mejor nos replanteamos la calidad de los que aspiran a no abandonar el poder y pretenden seducirnos antes de votar.

CIUDADANOS AUTOCONVOCADOS DE RIO CUARTO

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