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5 abr 2010

“En este país no existe la justicia, por eso hay tanta violencia”



Reportaje a Susana Dillon por Luis Zegarra 



A 34 años del último golpe de Estado, Susana Dillon remarca que quedan muchas heridas abiertas en el país.
Aun­que re­cha­za los mé­to­dos agre­si­vos pa­ra lle­var ade­lan­te re­cla­mos, Su­sa­na Di­llon ase­gu­ra que la au­sen­cia de jus­ti­cia fo­men­ta la apa­ri­ción de bro­tes de vio­len­cia.

Pe­se al in­men­so do­lor pro­vo­ca­do por el ase­si­na­to de su hi­ja a ma­nos de los mi­li­ta­res que to­ma­ron el po­der el 24 de mar­zo de 1976, la es­cri­to­ra rio­cuar­ten­se no quie­re re­pre­sa­lias. Pi­de que los ge­no­ci­das sean juz­ga­dos y que cum­plan sus con­de­nas en cár­ce­les co­mu­nes.

En el es­pa­cio de en­tre­vis­tas rea­li­za­das con pre­gun­tas for­mu­la­das por los usua­rios del si­tio web de PUN­TAL, la re­fe­ren­te de la lu­cha por los De­re­chos Hu­ma­nos ase­gu­ra que exis­ten mu­chas ver­da­des que per­ma­ne­cen ocul­tas, so­bre las que no se de­ba­te ni se con­ver­sa.

- ¿Qué sien­te ca­da 24 de mar­zo?
- Es la fe­cha más acia­ga. Pe­ro pa­ra mí hay otra peor, que es cuan­do le tu­ve que de­cir a mi nie­ta: “Tus pa­pás no van a ve­nir, los ma­ta­ron”. Yo soy de las cree que, por te­rri­bles que sean las co­sas, hay que de­cir­les siem­pre la ver­dad a los chi­cos. Y ella es­ta­ba muy ilu­sio­na­da con que sus pa­dres iban a ve­nir. Ese día no me lo voy a ol­vi­dar así vi­va mil años. Y eso que tu­ve suer­te, por­que ella na­ció en cau­ti­ve­rio y des­pués me la tra­je­ron. No soy muy cre­yen­te, pe­ro fue un mi­la­gro que me en­tre­ga­ran la ne­na y la pu­die­se criar yo.

- ¿Qué edad te­nía su nie­ta?
- Ten­dría cua­tro años y me­dio. Na­ció en el 78, o sea que fue en el 82 u 83.

- Co­mo ma­dre, ¿có­mo fue la sen­sa­ción de per­der a su hi­ja?
- El te­ma es que me fui en­te­ran­do de a po­co, por­que fue­ron tan per­ver­sos los mi­li­ta­res que no so­la­men­te nos ase­si­na­ron los hi­jos, si­no que a los pa­dres nos hi­cie­ron creer una fá­bu­la. Nos de­cían los ha­bían tra­ta­do bien, que si ha­bían te­ni­do que ma­tar­los ha­bían usa­do una in­yec­ción pa­ra que no su­frie­ran. Al otro año nos de­cían: “Los ma­ta­ron y los ti­ra­ron al la­go. Y hu­bo que po­ner­les una in­yec­ción pa­ra que no se die­ran cuen­ta”. Ca­da vez era un do­lor más es­pan­to­so. Des­pués su­pe có­mo fue. Y no fue ha­ce tan­to. El co­ro­nel Bru­no La­bor­da, que fue quien la fue a bus­car al Hos­pi­tal Mi­li­tar, don­de ella ha­bía te­ni­do la be­bé, cuen­ta que en el ca­mi­no a La Per­la le di­jo que la iban a fu­si­lar y que le pe­ga­ron 26 ti­ros. De ese cuer­po sa­lió tan­ta san­gre que man­chó a to­dos los que es­ta­ban al­re­de­dor. Fue un gol­pe muy du­ro el que me die­ron, al ver la fe­ro­ci­dad que tu­vie­ron ellos, la per­ver­si­dad inau­di­ta. Des­pués la ti­ra­ron en un po­zo e in­cen­dia­ron el ca­dá­ver pa­ra que no que­da­ra na­da de ella. Al tiem­po vol­vie­ron a sa­car ese ama­si­jo de hue­sos y car­ne que­ma­da, la mo­lie­ron y ti­ra­ron sus ce­ni­zas des­de un avión, en las sie­rras, don­de no la po­dré jun­tar nun­ca. Esas son co­sas que no se pue­den ol­vi­dar. Y no se pue­den per­do­nar por­que ellos nun­ca pi­die­ron per­dón. Y to­da­vía al­gún po­lí­ti­co opor­tu­nis­ta vie­ne y di­ce que hay que ter­mi­nar con es­te pro­ble­ma, que hay que per­do­nar. ¿Có­mo va­mos a per­do­nar si ellos no pi­den per­dón y di­cen que lo vol­ve­rían a ha­cer?

- El ex pre­si­den­te Du­hal­de aca­ba de pro­po­ner un nue­vo pun­to fi­nal pa­ra los jui­cios a los re­pre­so­res.
- En­ci­ma que es un ti­po sos­pe­cha­do por el ma­ne­jo de la dro­ga en el país, aho­ra quie­re es­to, ¡lo úni­co que fal­ta es que lo vo­te­mos! Es­tas son las co­sas que na­tu­ral­men­te tie­nen que vol­ver a la su­per­fi­cie y nos te­ne­mos que acor­dar de no vol­ver a caer en es­to.

- Hay un en­fo­que so­bre el gol­pe del 76 que pa­re­ce no ter­mi­nar de ad­ver­tir­se por los dis­tin­tos sec­to­res so­cia­les. Re­fie­re a que ade­más de los de­li­tos de le­sa hu­ma­ni­dad, du­ran­te los 7 años de dic­ta­du­ra se pro­du­jo un in­creí­ble des­gua­ce del apa­ra­to pro­duc­ti­vo del país. La es­truc­tu­ra eco­nó­mi­ca ar­gen­ti­na fue arra­sa­da.
- Esa fue la se­gun­da par­te, en la que tu­vie­ron que afi­nar el vio­lín. Pa­ra ese fin te­nían a un ti­po que era de los gran­des ven­de­do­res del país, co­mo Jo­sé Mar­tí­nez de Hoz. Ya su fa­mi­lia tie­ne una le­ja­na pro­sa­pia de ser ven­de­do­res del país. Él en­tre­gó el país por quin­ta o sex­ta vez, por­que acá hu­bo mu­chos en­tre­ga­do­res. Em­pe­ce­mos por Ri­va­da­via, Ro­ca… Nues­tra eco­no­mía fue siem­pre el co­fre del pi­ra­ta en es­te re­par­to de la Ar­gen­ti­na. Y aho­ra si­gue… Si­guen los Gio­ja en San Juan, los Bou­dou, los que siem­pre pien­san có­mo ha­cer pa­ra di­si­mu­lar el ma­no­tón a las co­sas que que­dan.

- ¿Us­ted no­ta que hay una po­lí­ti­ca de con­ti­nuar en­tre­gan­do el pa­tri­mo­nio?
- Una po­lí­ti­ca to­tal­men­te de en­tre­ga, no hay nin­gu­na du­da… Con Me­nem a la ca­be­za, a quien to­da­vía vo­ta­ron por 10 años. To­das es­tas co­sas hay que re­pe­tír­se­las al pue­blo, por­que el pue­blo tie­ne una me­mo­ria muy mez­qui­na, muy con­se­cuen­te con los que es­tán des­tro­zan­do el país. Es­tas son las co­sas que te­ne­mos que se­guir con­ver­san­do. Eso sí, sin odios, sin ren­co­res. No soy de las que bus­can ven­gan­za. No me quie­ro pa­re­cer a ellos, en na­da. Yo no qui­sie­ra que es­ta gen­te su­fra una muer­te vio­len­ta, que le den lo mis­mo que les die­ron a nues­tros hi­jos. Yo quie­ro que vi­van mu­chos años, pe­ro den­tro de la cár­cel. Ni ol­vi­do ni per­dón, mil años de pri­sión. Pe­ro pre­sos co­mo los tie­nen en las cár­ce­les lo­ca­les.

- Se di­ce que los Kirch­ner se han apro­pia­do de va­rias con­sig­nas de la lu­cha por los De­re­chos Hu­ma­nos, pe­ro pa­ra dar­le un fin me­ra­men­te po­lí­ti­co.
- Es­tá to­tal­men­te a la vis­ta. No hay que ser un ce­re­bro pa­ra dar­se cuen­ta.

- En ese con­tex­to, Ma­dres y Abue­las de Pla­za de Ma­yo apa­re­cen en mu­chas si­tua­cio­nes pú­bli­cas cer­ca del Go­bier­no. Se di­ce que el ofi­cia­lis­mo las bus­ca pa­ra le­gi­ti­mar al­gu­nas me­di­das, por lo que su lu­cha ha per­di­do cre­di­bi­li­dad. ¿Us­ted que pien­sa?
- Qui­sie­ra no ha­blar de Ma­dres y Abue­las, por­que sien­to ver­güen­za aje­na.

- ¿Qué opi­na de la gen­te ino­cen­te muer­ta en los 70 por ac­cio­nes de gru­pos te­rro­ris­tas?
- Es­tán en su de­re­cho de pe­dir jus­ti­cia. Aque­llos hi­cie­ron al­go que tam­bién de­plo­ro: la vio­len­cia. De­plo­ro la vio­len­cia, tan­to co­mo des­pe­gar­se del pue­blo. Mu­chos de los que an­du­vie­ron en es­tas co­sas no eran ino­cen­tes. Pe­ro los mi­li­cos aga­rra­ban al que era, al que no era, al que tal vez y al que por las du­das. Yo no quie­ro de­cir que mi hi­ja era una san­ta, pe­ro nun­ca la vi em­pu­ñar un ar­ma y du­ran­te mu­cho tiem­po es­tu­ve cons­tan­te­men­te con ella, es­pe­cial­men­te cuan­do es­ta­ba em­ba­ra­za­da, con un em­ba­ra­zo di­fí­cil. Es­tas co­sas son te­rri­bles. Cuan­do me di­cen que cae un po­li­cía, yo lo sien­to, es un ser hu­ma­no, no lo aso­cio al que es­tá en la ve­re­da de en­fren­te.

- ¿Po­ner a las fuer­zas de se­gu­ri­dad en un ban­do opues­to al del ciu­da­da­no co­mún tam­bién es una con­se­cuen­cia de los re­gí­me­nes ins­ta­la­dos en Su­da­mé­ri­ca du­ran­te los 70?
- Sí. To­do es­ta­ba fría­men­te cal­cu­la­do. Mien­tras más gran­de es el cri­men, más asus­ta, así se siem­bra el te­rror. Si a mí me hu­bie­sen di­cho que yo te­nía que pre­sen­ciar el fu­si­la­mien­to de mi hi­ja y de mi yer­no en una pla­za pú­bli­ca, des­pués de un jui­cio he­cho con to­das las le­yes, aho­ra es­ta­ría ca­lla­da. Pe­ro pre­fi­rie­ron la no­che, la os­cu­ri­dad, el rap­to, el si­len­cio, la men­ti­ra… Cuan­do iba a pre­gun­tar por mis hi­jos, en el lu­gar don­de es­ta­ban, me de­cían: “Se­ño­ra, de­ben es­tar en el Ca­ri­be, dis­fru­tan­do del mar”. Fi­ja­te que en el ca­so de Ale Flo­res la po­li­cía le min­tió a la ma­dre. Y esa ma­dre, sin un pe­so an­du­vo pe­lean­do pa­ra con­se­guir in­for­ma­ción… Y has­ta se fue a Chi­le, por­que le de­cían que el chi­co es­ta­ba allá, que se lo ha­bían da­do a no sé quién. La men­ti­ra es al­go tan in­dig­nan­te, es al­go tan no­ci­vo pa­ra es­te país…

- Ha­blan­do de vio­len­cia, le pre­gun­tan qué opi­na de la me­to­do­lo­gía vio­len­ta que em­plean al­gu­nos gru­pos pa­ra re­cla­mar por los De­re­chos Hu­ma­nos, co­mo ejem­plo Que­bra­cho.
- An­tes de po­ner­me vio­len­ta y sa­lir a rom­per vi­drios y co­rrer gen­te, a mí me vie­ne me­jor sen­tar­me a es­cri­bir. Aho­ra, te di­go que a al­gu­nos el es­cra­che les vie­ne bien. Por­que por lo me­nos se cui­dan de an­dar por la ca­lle, por­que la gen­te les di­ce en la ca­ra lo que pien­sa. Cuan­do no hay jus­ti­cia se pro­du­cen to­das es­tas co­sas, por eso hay que cla­mar y exi­gir jus­ti­cia. Si no, la gen­te se ar­ma y ha­ce jus­ti­cia por su pro­pia ma­no. Y ese es un pe­li­gro in­men­so. Yo no quie­ro vio­len­cia, sí la lu­cha se­ña­lan­do lo que es­tán ha­cien­do. De­cir de fren­te to­das las co­sas que se es­tán ha­cien­do mal, sin ofus­car­nos, sin ata­ques, pe­ro con voz fir­me y con­ti­nui­dad.


Los gremialistas y la patronal

Do­cen­te de al­ma, Di­llon tam­bién ma­ni­fies­ta su preo­cu­pa­ción por la edu­ca­ción, sus ins­ti­tu­cio­nes, sus re­pre­sen­tan­tes y su me­to­do­lo­gía.

“¿Dón­de se fue la edu­ca­ción ar­gen­ti­na, que era la pri­me­ra en La­ti­noa­mé­ri­ca du­ran­te mu­chos años, en la épo­ca del Ins­ti­tu­to Pi­zur­no, de las es­cue­las nor­ma­les? El res­pon­sa­ble fue Me­nem, que di­jo que la edu­ca­ción no da ré­di­tos. Es­tas son co­sas que no de­be­mos des­cui­dar. Se pi­de una edu­ca­ción con bue­nos suel­dos, pe­ro has­ta los gre­mia­lis­tas es­tán en­tre­ga­dos. El úl­ti­mo pun­to del es­ca­la­fón ya no es ser ins­pec­tor ge­ne­ral, es ser fun­cio­na­rio. Los de UEPC han pa­sa­do a ser mi­nis­tros, co­mo Gra­ho­vac, o di­pu­ta­dos, co­mo Ne­bre­da. AsÍ ter­mi­nan yen­do pa­ra la pa­tro­nal. Es ver­gon­zo­so. De­be­mos re­cu­pe­rar el vie­jo ca­mi­no. Ha­brá al­gu­nas pie­dra, pe­ro te­ne­mos que te­ner el ojo lis­to pa­ra no gol­pear­nos tan­tas ve­ces.


Doble discurso

Días atrás, Su­sa­na Di­llon en­vió una car­ta al dia­rio de­nun­cian­do que los pre­sos de la Pe­ni­ten­cia­ría se en­cuen­tran alo­ja­dos en pé­si­mas con­di­cio­nes.
En el cur­so de la char­la, la es­cri­to­ra vol­vió a re­fe­rir­se al te­ma.

“Es in­hu­ma­no el mo­do en que tie­nen a los pre­sos en la cár­cel lo­cal. Co­mo no hay su­fi­cien­tes sa­ni­ta­rios, ha­cen sus ne­ce­si­da­des en una bol­sa de plás­ti­co, la anu­dan y des­pués la ti­ran a los co­rre­do­res. Y eso es­tá to­do el día, has­ta que vie­nen y se lo lle­van.

En­ton­ces nos di­cen muy lin­dos dis­cur­sos so­bre los De­re­chos Hu­ma­nos, pe­ro no me con­ven­cen cuan­do co­noz­co es­tas co­sas. Los jue­ces tie­nen que ve­nir a ver es­tas co­sas. Ha­ce más de cua­tro me­ses que no tie­nen un psi­quia­tra y no pue­den nom­brar un reem­pla­zan­te. Di­cen los pre­sos que no les dan me­di­ca­men­tos. Lo que sí les dan es dro­gas, fár­ma­cos, los do­pan pa­ra que no jo­ro­ben. Esas son las co­sas que me po­nen muy aler­ta. Por­que los po­lí­ti­cos nos han di­cho tan­tas men­ti­ras res­pec­to de lo que iban a ha­cer con la cár­cel. Re­cor­de­mos que en al­gún mo­men­to nos di­je­ron que la iban a con­ver­tir en un ge­riá­tri­co. ¡Así nos iban a ter­mi­nar de ma­tar a los vie­jos! ¡Era ri­dí­cu­lo que a ese edi­fi­cio, que es­tá tras­pa­sa­do de do­lor hu­ma­no, se lo den a aque­llos que tie­nen que vi­vir sus úl­ti­mos días! Más va­le que no se con­cre­tó. Una cár­cel tie­ne que ser un lu­gar se­gu­ro y lim­pio, co­mo di­ce la Cons­ti­tu­ción. Y que el pre­so no es­té allí so­la­men­te pa­ra pur­gar su de­li­to, si­no pa­ra co­rre­gir­se”.

- Se­ma­nas atrás se co­no­ció un ca­so en la al­cai­día de la Uni­dad De­par­ta­men­tal 9 que de con­fir­mar­se se­ría gra­ví­si­mo. Hay po­li­cías im­pu­ta­dos por abu­so se­xual y por ven­ta de me­di­ca­men­tos y al­co­hol a los pre­sos.
- Es una bur­la. No sé có­mo no los sa­can de las pes­ta­ñas a esos su­je­tos y a sus su­pe­rio­res, que son los res­pon­sa­bles. Y so­bre to­do los po­lí­ti­cos. ¿Dón­de es­tán que no van a ver es­to? ¿Quie­ren que la gen­te to­me el buen ca­mi­no y les dan es­ta cruz de te­ner que es­tar vi­vien­do con sus de­se­chos? Es es­pan­to­so. He­mos re­tro­ce­di­do 200 años. ¡Los po­nen en maz­mo­rras más in­mun­das y quie­ren que se re­ge­ne­ren!

Fuente: Puntal

2 comentarios:

  1. RUBIA TONTA5/4/10, 19:06

    muy buena nota!!!!

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  2. Pepita la preguntona5/4/10, 22:31

    ¿Qué opinarán los que están como Duhalde a favor de tapar toda la porquería del Proceso, después de leer notas como éstas?

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